Esta política por un lado cubre y prioriza las niñeces con el Programa Comedores Escolares y el apoyo a instituciones para que brinden servicios. Por otro lado, el Programa Comer en Casa que contribuye a instituciones de la sociedad como Iglesias, cetros vecinales, clubes de futbol a través de otros dispositivos, desde una mirada integral. Por ese motivo, no se estipula algún monto de dinero, por cada uno, sino que se sostiene un concepto alimentario con la responsabilidad suficiente para generar las condiciones de acceso, sin ningún tipo de exclusión; algo que sucedía cuando se destinaba un número determinado e ínfimo por cada beneficiario.
Con esta política de estado se logra romper con la burocracia y el desfase de precios producto del aumento permanente. Es decir que se pone énfasis en promover el derecho a la alimentación por sobre cualquier especulación económica y política, más aún en un momento delicado en la economía del país.









