El equipo de Rubén Insúa es más lindo en las tablas que en la cancha. Pero su gente igualmente lo acompaña y le disculpa algunas impurezas en el manejo de la pelota y su falta de luces para generar juego. Porque le reconoce su entrega, su aplicación, el orden defensivo y el compromiso de todos para conseguirlo. Le costó mucho llegar en el primer tiempo. Fundamentalmente porque su mejor jugador, Nahuel Barrios, salió lesionado a los 29 minutos por una fuerte entrada de Graciani sobre su tobillo derecho. Sólo lo logró al final con un cabezazo de Braida que salió por encima del travesaño y un remate de Vombergar que manoteó el arquero Carranza.
En la segunda etapa, a puro pelotazo y centro, San Lorenzo quiso llevárselo puesto al tibio equipo cordobés. Y por esa vía llegaron sus dos goles, en ambos casos con la intervención del VAR. A los 18 minutos, el zaguero Alarcón le dio un topetazo a Vombergar dentro del área y el árbitro Nicolás Ramirez cobró un penal que debió ratificar pese a que desde las cabinas de Ezeiza, Nicolás Lamolina trató de hacérselo anular. Después de una revisión que se extendió siete minutos, Vombergar le rompió el arco a Carranza y adelantó al Ciclón en la cuenta del marcador.
En la 24º fecha, San Lorenzo recibirá a River. Y en el Bajo Flores esperan poder definir el campeonato en ese momento. Por eso resulta clave cada punto que pueda limarle al puntero. El catálogo futbolístico riverplatense es mucho más completo que el sanlorencista, con más recursos y mayor jerarquía. Pero, a falta de fútbol el San Lorenzo de Rubén Insúa ofrece su corazón. Si con eso llegó hasta aquí, acaso ya no tenga sentido reclamarle nada más. De esta manera gana, suma y enamora a su gente. Y cree que puede salir campeón.









